Una historia de palma de aceite que no conoces

29 junio 2018

La palma de aceite es asociada con deforestación, desplazamientos y sufrimiento animal. Pero el mundo es muy grande y esta planta y su fruto tienen otras historias de tierras remotas que no han sido contadas.

Daniel Cortez, pequeño palmicultor de Tumaco, Colombia, en su casa a las afueras de la ciudad.

Daniel Cortez nació en Tumaco, una ciudad costera ubicada en el extremo sur occidental de Colombia, conocida por sus altos índices de pobreza y desigualdad, así como por su historia de violencia a causa de los cultivos ilícitos y la presencia de grupos armados al margen de la ley que controlan el negocio de la coca.

Es padre de siete hijos y abuelo de muchos nietos. Varios migraron pero algunos se quedaron con él y su esposa Daisy en el barrio la Espirella, a las afueras de la ciudad. Cerca de su casa, cruzando el río Caunapi, tiene una pequeña finca en la que hace algunos años empezó a sembrar palma de aceite gracias a un programa del Estado que le aprobó un crédito para comenzar la actividad.

Al principio fue difícil. Cuenta que le dieron 7.5 millones de pesos por hectárea pero tenía que hacer todo el trabajo del cultivo él solo y aunque el programa incluía un pago por sus labores, el dinero no le alcanzaba para mantener a su familia.

Además, los comentarios de vecinos y amigos no le ayudaban a mantener la esperanza en su nuevo cultivo.

“A uno le decían -Esa palma no es pa’ pobres. Eso es pa’ ricos-”. Por eso, después del esfuerzo inicial decidió abandonar el cultivo y retomar sus actividades económicas de antes. “Me dediqué a hacer trabajos cortos en las empresas palmeras y como mi papá era carpintero, me metí en eso”

TUMACO Y LA PALMA

Según Bismarck Preciado, líder de una organización local que trabaja a favor de los pequeños productores, hace 50 años que se empezó a sembrar palma en Tumaco.

“En ese momento todavía estábamos en paz, pero teníamos claro que esta zona podría volverse muy conflictiva, entonces buscamos la manera de trabajar con los empresarios de la palma y fundamos Cordeagropaz” La idea era ayudar a los pequeños a asociarse y aliarse con las plantas extractoras para que pudieran desarrollar sus cultivos de palma.

Para ese entonces, cuentan que Tumaco tenía los mayores índices de productividad del país. El cultivo generaba cerca de 6.800 empleos directos y 10.200 empleos indirectos. Sin embargo en 2008 una enfermedad arrasó con todas las palmas de la zona y dejó a miles de personas sin sustento en un abrir y cerrar de ojos.

Julio Sevillana, un pequeño productor de la zona relata lo que vivió:

“En 6 meses todo quedó amarillo con los cogollos podridos y la incertidumbre, la desolación, la tristeza. Lloré con mi familia. Creo que era natural sentir ese vacío después de haberle trabajado tanto.”

Esta crisis económica fortaleció la actividad ilícita que había llegado con las guerrillas a finales de los 80. Los asesinatos y desplazamientos eran parte de la cotidianidad que esta crisis palmera agravó. La alternativa para muchos de los que quedaron sin empleo fue acudir al cultivo de coca, lo que a su vez alimentó los problemas de violencia. Sin embargo, según Julio, al menos en cuanto a la palma, lograron sobrepasar la crisis.

En cuanto a los pequeños, según Bismarck, de la mano de las empresas y con Fedepalma, Cordeagropaz empezó a trabajar en la recuperación del cultivo y al día de hoy ya han sembrado cerca de 19.000 hectáreas de palma híbrida, una especie que no es vulnerable a la enfermedad. “Promovimos más asociaciones, y hemos apoyado a 620 pequeños productores para que se integren.” contó.

DE VUELTA A LA FINCA

Un día de 2015, durante una reunión de la Asociación de productores a la que pertenecía, a Daniel le hicieron una propuesta que cambiaría la suerte de su finca, de su vida y de su familia. "La ingeniera Teresa vino a la oficina en la que estábamos los miembros de la Asociación y me dijo, -Don Daniel Cortez, ¿Cuándo podemos ir a su finca?- como yo a eso nunca me he negado, la invité.” explicó Cortez quien para ese entonces tenía 7 hectáreas de palma que había sembrado hacía 5 años.

La visita le abrió los ojos. Al ver la finca abandonada Teresa le preguntó por qué no estaba cuidando su cultivo “Esas palmas tan bonitas son su patrimonio” le dijo mientras cortaba un arbusto para darle paso a la una de las palmas. “Cuando las hojas de esa palma se abrieron sentí bastante impresión y desde ahí hice un compromiso y le dije -No, ingeniera, yo le meto la mano a esto.-  yo como pude fui, limpié y aboné”.

Luego de esa asesoría, vino un proyecto impulsado por Solidaridad, que lo llevó un paso más adelante. Con su finca recuperada, Daniel empezó a aprender sobre el estándar RSPO, conoció varios palmicultores de otras zonas y visitó cultivos en otras regiones del país donde aprendió diferentes prácticas agrícolas que ahora puede aplicar para aumentar la productividad.

“Desde el proyecto, yo he aprendido bastante sobre la polinización, cómo detectar y prevenir enfermedades y cómo fumigar adecuadamente”

También aprendió cómo deben manejarse las fuentes del agua y los residuos : “Antes uno botaba todo al río. Fumigaba, lavaba y todo al río. Hoy en día no.”, explica y asegura que desde entonces las cosas han cambiado tanto en el cultivo como en su hogar.

CON PALMA Y SIN PALMA

Hay detalles que varían de una historia a otra, pero todos coinciden en que la palma es lo único que les asegura una entrada constante de dinero y les permite proyectarse.

Cuándo le preguntamos a Daniel, cuál era la diferencia entre tener y no tener palma respondió: “Uno con la palma sabe que cada mes va a ir a cosecharla y sabe cuánto le pagan por lo que saca, ¡Va seguro! En cambio, con la carpintería, puede que hoy no me llame nadie a trabajar y no gano nada.” y añadió que tanto él como su esposa y sus hijos le tienen amor a esa planta y su fruto. “Nosotros sabemos que si seguimos adelante con ella, siguiendo las recomendaciones, ese es nuestro futuro”. Por su parte, Julio, quién también cultivó caña, especias, chontaduro, entre otros, explicó que ninguno de esos productos le daba un flujo de caja como se lo garantiza actualmente la palma.

En esa apuesta por la palmicultura, el proyecto con Solidaridad, resultó ser una etapa importante para ellos porque les permitió descubrir de qué se trataba esa norma a la que le tenían tanto miedo y que veían tan inalcanzable.

En palabras de Julio es “simplemente organizarse: -¿Dónde va a tener las herramientas-, -Tenga una bodega de agroinsumos-, -El fertilizante va aparte-, -Lleve sus datos ordenadamente-, -Cumpla la ley-, -Haga que ese trabajador se sienta bien, garantícele un pago justo y que tenga seguridad-. Aprendimos que no es imposible, que trabajar colectivamente genera sus frutos y trabajar con responsabilidad es la mejor apuesta para las futuras generaciones.”

¿Y LA PAZ?

Julio Flores, pequeño productor y líder de una Asociación de pequeños productores en Tumaco.

“¿Quiere una muestra de paz? ¡Eso nos trajo paz!” aseguró Julio señalando una palma mientras cerraba su discurso y agregó “Paz es tener para comer, para ir a cosechar, tener una esperanza así como cuando uno firma el contrato laboral y dice -¡Dios mío, gracias!-. Para uno, sembrar una palma es tener un contrato a 30 o 40 años que le asegura dinero cada 15 días.”

A pesar de todos los esfuerzos de múltiples actores, los grupos al margen de la ley siguen moviendo el negocio de los cultivos ilícitos que al parecer genera más dinero que el que tiene el propio municipio para gastos públicos. Sin embargo, tanto Julio como Bismarck y Daniel aseguran que la palma es lo único que le hace contrapeso a la coca.

“Cuando hay estabilidad, hay armonía porque ¿Paz con hambre? Yo no sé a qué suena eso.” aseguró Julio antes de despedirnos.

  • Información de Contacto

    Maria Goretti Esquivel

    Gerente Programa Palma Colombia y Ecuador