Empalme generacional, los herederos de la tradición y el desafío de mantener la caficultura colombiana

01 octubre 2020

Conoce las historias de cuatro de los jóvenes que conforman el grupo de "Empalme Generacional" de la asociación de caficultores Asojardín. El grupo se ha convertido en un laboratorio de pensamiento donde se está gestando una nueva generación de productores de café que le están apostando a la profesionalización, a la diversificación del negocio, al mercadeo y a la innovación.

Mistrató se levanta entre montañas cafeteras, a lomo de mula han pasado por sus carreteras cientos de caficultores llevando su grano desde las veredas para sumarlo a la gran pila que recoge la cosecha del municipio. Tras ellos, sigue una nueva generación de caficultores jóvenes dispuestos a construir sobre el andamio de sus padres y abuelos, pero con nuevas ideas con las que están pintando de colores los cafetales familiares.

Rodrigo

Rodrigo padre, Rodrigo hijo y la pequeña Isabella; pasado, presente y futuro de "La Primavera".

Rodrígo es heredero de la tradición de Lisandro, su abuelo y de Rodrigo, su padre. Migrando desde el Valle, llegaron en búsqueda de una zona alejada del conflicto para asentarse en una tierra con fama de buen café. La familia de tres comenzó “levantando una finca que estaba caída”, según recuerda Rodrigo, pero con trabajo fuerte y algo de inversión fue floreciendo como su nombre, La  Primavera. En esta tierra fue la primera vez que Rodrigo Muñoz sintió que era caficultor, en esa primavera florecía el fruto de su sudor y de su esfuerzo, así como el de sus padres.

De ahí, más entusiasmados que nunca, se fueron a Ventiaderos, donde jamás ha dejado de llegar la brisa bienaventurada que les ha traído el cultivo del café. Con los años, y tras demostrar que era capaz de asumir el desafío de administrar la finca, Rodrígo padre y Rodrigo hijo iniciaron un proceso de empalme generacional en el que ambos aprenden por igual. 

Sofía

“Vine por tres meses y llevo dos años”. Así comienza a narrar su historia de amor por el café y por Mistrató Sofia Amaya Toro. Hace apenas 24 meses era investigadora en la Universidad Javeriana, pero un día decidió que en su tierra natal también podía alcanzar sus sueños y le apostó todo lo que tenía a Mistrató.

Sofía es nieta de Antonio, un prolífico caficultor que junto con su esposa trajeron a la vida a 11 hijos, a los que la violencia les arrebató de las manos la oportunidad de continuar con la tradición familiar y los obligó a migrar para sobrevivir.

Doce años más tarde, siendo ingeniera civil y con una maestría en agua, Sofía regresa a la tierra que nunca sacó del corazón con la firme intención de emprender, de echar raíces y de sembrar de nuevo la semilla de la caficultura en su familia. Y no lo hace sola, cuenta con el apoyo de una pareja de tíos que abrió las puertas antes que ella, y con quienes el retorno ha sido más fácil y esperanzador.

Melia

Melia Alzate Perea, hija de Margarita y nieta de Pascuala, es poeta y también caficultora. Siendo la mayor de siete hermanos, creció acostumbrada al trabajo en el cultivo, y a valerse por sí misma. 

Como muchos jóvenes de la zona, dejó el cultivo para encontrarse a sí misma, para buscar nuevos rumbos, para saber qué es vivir tras las montañas de Mistrató, y regresó años después porque Mistrató se pega en el alma y de ahí no sale.

A su regreso se dedicó a trabajar con los jóvenes del grupo de empalme generacional. Su labor es visibilizar la importancia del trabajo conjunto entre la familia, el empoderamiento femenino en el cultivo, la comunicación y el respeto. Su idea es que padres e hijos acuerden desde la voluntad cómo los hijos pueden aportar, no sólo con trabajo sino también con ideas al cultivo que les ha dado todo.

Juan Sebastián

Juan Sebastián Vélez es nieto de cafeteros, y sus abuelos Mélida y Alcides estuvieron presentes a lo largo de su vida con ejemplo y apoyo. De niño, mientras enjalmaba a su caballo, Dinosaurio, Juan soñaba con mirar más allá de las montañas. Aventurero y arriesgado, fue servidor público, fue inmigrante en Santiago de Chile, lavó platos, aprendió a cocinar, se volvió maestro sushero, y aún así sentía que algo no estaba completo en su vida. Pero no fue sino hasta pasados los 25 años que Juanito, como le decía la abuelita Mélida, encontró lo que realmente lo hacía feliz.

Una magia que no sabe describir lo atrajo como abeja al panal, a la apicultura. Dejó el servicio público y la cocina por las abejas, y con ellas, tras cuatro años de aventuras en el sur del continente, también volvió a la finca. Ruth, su madre, su historia, sus orígenes y el café se le metieron entre el pecho y la espalda. Su abuelo Alcides ya le había dicho en un sueño que tenía que coger juicio, y  su abuela Mélida le dio un pedazo de tierra, donde echó a volar sus proyectos, y desde ahí no ha parado.

Diálogo inter-generacional

Solidaridad promueve el rescate de la cultura cafetera a través del arte, la educación y un proceso sucesional que encuentre puntos de convergencia entre los padres y los hijos.

“Nosotros buscamos esos puntos de unión entre las familias, y desde allí promovemos el diálogo para que los padres no se sientan relegados por los hijos, ni los hijos sientan que no tienen cabida en el manejo del cafetal” dice Isai Galvis, técnico de campo que trabaja con el grupo de más de 20 jóvenes que hoy conforman el grupo de empalme.

Para Rodrigo, una de sus mejores experiencias del trabajo con el grupo de empalme ha sido que su padre crea en sus capacidades y flexibilice sus esquemas para permitirle experimentar, implementar nuevas y mejores prácticas y, finalmente, ser mucho más que mano de obra en la fnca; ser una fuente de desarrollo para todos.

En Ventiaderos está cambiando la forma de administrar. Ahora se llevan registros rigurosos, se pasó de la intuición a las decisiones basadas en datos, que les permiten a los dos Rodrigos tomar mejores decisiones en el cultivo, y asegurar una producción integral que genera rentabilidad.

“Mi sueño es que a mi hija Isabella le guste el mundo del café, que crezca y sepa que acá tiene una empresa que ella puede seguir sacando adelante” dice Rodrigo, quien se está especializando en cafés diferenciados, esos que han hecho famosa la calidad del café colombiano.

Está convencido de que el camino es la asociatividad y sacar adelante la marca de café de Asojardín, Arrayanes Coffee.

Innovación y emprendimiento

Jornadas de aprendizaje sobre cata de café.

“Este proceso ha sido un aprendizaje mutuo entre los jóvenes, ellos tienen mucho potencial y sé que desde ya estamos gestando grandes cosas para la caficultura de Mistrató y de Risaralda”, asegura Sofía con un positivismo que le sale por los poros. Y no es en vano, juntos están construyendo redes y enlazando un trabajo colaborativo que les permitirá vincular a mistratenses residentes en otros municipios del país, para que sean ellos los multiplicadores de la industria cafetera de Mistrató, ayudando a comercializar el café y a hacerle publicidad.

Solidaridad combina la articulación entre padres e hijos con todo un portafolio de servicios dirigidos a estimular la innovación y los emprendimientos entre los jóvenes, para lograr el empalme desde el consenso. “Ojalá que los jóvenes hijos del café puedan estudiar las carreras que quieran, que viajen, pero que nunca olviden sus raíces”. Esa es la mejor manera de preservar la tradición del café, dice Isai Galvis.

Melia Alzate se sienta con su madre Margarita a conversar sobre la vida y sobre el futuro, con la franqueza que las caracteriza. Melia le ha dicho a su madre que quiere seguir en el cultivo, pero que también sueña con que su café no solo alimente la pila. Ella quiere poder servirse el mejor café en su casa, ella quiere que desarrollen otras habilidades y destrezas como el barismo, la catación, la gastronomía e incluso el arte y las letras, todo en torno a ese grano bendito en el que toda su familia tiene puesto el corazón.

“Los jóvenes del grupo de empalme creemos que en el café hay garantías de vida, y si no las hay pues hay que crearlas”, advierte Melia y agrega que las asociaciones de mujeres y de jóvenes son instrumentos poderosos para generar cambios en la estructura de liderazgo tradicional del café. 

“Isai se ha convertido en nuestro padrino, su trabajo con Solidaridad nos brinda herramientas y el apoyo que necesitamos para materializar nuestras iniciativas”, agrega Melia.

Juan Sebastián alterna un emprendimiento de comidas rápidas con el cultivo y procesamiento de su propia marca de café, el café Tierra Fría, que cosecha en el lote que le dio su abuela para “arrancar”, aunque él lo que hizo fue despegar hacia un universo de ideas y posibilidades que no deja de desarrollar en su mente y materializar en el cultivo y en el local. 

Junto con un amigo fabricó un tostador artesanal que les permite a los clientes de su establecimiento disfrutar de una taza de café recién tostada; un deleite para los sentidos desde que el fuego convierte al grano en una experiencia para el olfato, que viaja hasta el paladar. Además, en su local, dice Juan, hay cabida para los demás productos que se dan en su finca. “Que vengan a comprar curcuma, miel, café y hasta cebolla”.

De la miel al café, de la fe de la abuela al emprendimiento, de la universidad al campo, del sueño al hecho. Esto representan todos estos jóvenes caficultores que, lejos de reemplazar a sus padres o abuelos, construirán sobre lo construido por ellos los nuevos cimientos del café del futuro. 

“A veces hay que tomar distancia para crecer y dejar que los hechos hablen por nosotros” dice Juan Sebastián Vélez, caficultor, apicultor y emprendedor.

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    Isaí Galvis

    Técnico de Campo