ALIANZA INNOVADORA LLEVA LA RTRS A PEQUEÑOS Y MEDIANOS PRODUCTORES DE SOJA EN GOIAS

10 enero 2018

La certificación cambió la forma de gestión y guió la adopción de buenas prácticas, además de estimular el desarrollo de soluciones creativas y económicamente viables para ese público.

Una alianza innovadora consiguió, por primera vez, que pequeños y medianos productores de soja de Goiás, recibieran la certificación de la Mesa Redonda de Soja Responsable (RTRS), el principal estándar internacional de sostenibilidad en soja, que suele estar al alcance sólo de grandes productores en ese Estado de Brasil.

El trabajo unió a la cooperativa rural Cresol, la empresa belga Colruyt, y las ONG Trias y Solidaridad. Juntas, por medio de soluciones creativas, se consiguió que 18 pequeños productores cumplieran con los requisitos de la RTRS en condiciones financieras más limitadas que las de propiedades de mayor envergadura, y certificaran 30.125 toneladas de soja el pasado agosto en las regiones de Silvânia y Orizona, Goiás.

La iniciativa transformó totalmente el modo en que los productores gestionaban sus fincas, estableciendo una suerte de "antes y después" en términos de prácticas agrícolas, ambientales y económicas.

El proyecto comenzó en 2016, cuando Cresol, el mayor Sistema de Cooperativas de Crédito Rural Solidario de Brasil, y la ONG belga Trias invitaron a Solidaridad a participar de una capacitación a técnicos de la cooperativa, para adecuar el proceso de producción a los requisitos exigidos por la RTRS.

Hasta entonces, Cresol, por ser una entidad dedicada al crédito, no había tenido bajo su radar la posibilidad de ofrecer asistencia en prácticas sostenibles dentro del sector de la soja. "Fue muy bueno. Necesitábamos ordenar la casa y la cooperativa avanzó mucho a partir de este proceso", afirma Leni de Sousa, directora de Cresol y productora de soja.

La primer iniciativa fue la realización de un taller conducido por Solidaridad para capacitar al equipo de Cresol sobre el estándar RTRS y el esquema de certificación grupal. Más allá de la preparación teórica, acompañada de clases prácticas, se brindaron direccionamientos para la implementación de estos cambios en campo. Asimismo, se crearon canales de comunicación entre Solidaridad y los técnicos de Cresol para recibir orientación durante la ejecución del proyecto.

Inicialmente, las propiedades contaban con muchas no conformidades:

"En los galpones, los pesticidas, el aceite y las herramientas estaban mezclados entre sí, los recipientes de aceite no tenían ninguna protección, había bidones vacíos y aceite quemado de muchos años en la propiedad. A medida que se fueron organizando y con infraestructura de bajo costo se fueron resolviendo cada uno de estos problemas", cuenta el técnico de Cresol, Mauricio Soares.

Aprendizajes compartidos y soluciones innovadoras

Dado que los grandes productores resolvían buena parte de los requisitos para la certificación a través de grandes inversiones, se hizo necesario encontrar soluciones creativas para alcanzar los mismos resultados entre los pequeños y medianos productores.

La legislación brasilera y el estándar de la RTRS cuentan con exigencias muy estrictas, por ejemplo, en lo que refiere al manejo de combustibles, requiriendo la construcción de instalaciones exclusivas para su almacenamiento, pero los pequeños y medianos productores no cuentan con los medios para ello, explica Harry van der Vliet, gerente de programas de soja, algodón y ganadería de Solidaridad en Brasil. "Lo que hicieron los productores en este caso fue impermeabilizar el suelo y crear un depósito con una pared de contención y arena para impedir derrames, entre otras iniciativas. De este modo, consiguieron cumplir integralmente con los requisitos de ley de de certificación sobre este tema", recuerda.

Otro desafío común, previo al proyecto, era el almacenamiento de agro químicos en depósitos inadecuados. "Entre las soluciones, algunos productores comenzaron a utilizar contenedores adaptados, que garantizaran un almacenamiento correcto con mecanismos de ventilación y aislamientos de los demás productos. Otros transformaron en depósito el espacio donde guardaban los arneses de los caballos, por ejemplo", relata van der Vliet.

También fue significativa la adopción del MIP - Manejo Integrado de Plagas -, entre los productores del grupo. A partir de la orientación de los técnicos, y con el apoyo de Edson Hiroshi, de Embrapa, los productores empezaron a llevar registro de la incidencia de plagas y enfermedades en sus cultivos, aplicando controles químicos sólo después de alcanzaran el umbral de perjuicio económico. De este modo lograron ahorrar entre 4 a 5 aplicaciones en la zafra, aumentando su rentabilidad y disminuyendo el impacto sobre el medio ambiente.

Para Leni, de Cresol, la certificación ha sido una enorme conquista. "El trabajo con los productores no fue fácil ya que ellos no veían la necesidad de certificarse. No obstante, percibieron que ordenándose, realmente iban a disminuir costos y obtener otros beneficios. Se realizaron muchas inversiones para realizar los ajustos estipulados por la RTRS, pero estas inversiones también conllevan un premio que ayuda mucho". Ella también destaca el trabajo de concientización ambiental en la propiedades agrícolas y cuán importante es la certificación para generar ese compromiso.

"Cualquier tipo de proyecto, sólo va para adelante si la gente se pone manos a la obra", agrega Gisele Obara, directora de Trias en Brasil, durante la ceremonia de certificación, resaltando los esfuerzos realizados para obtener los resultados esperados. La organización fue la institución que financió la realización de los trabajos. El proyecto se completó con la participación de la red belga de supermercados Colruyt, que compró las 30.125 toneladas certificadas, proporcionando un premio de R$300 mil, que se dividió entre los 18 productores que presentaron los mejores resultados en relación a las adecuaciones a los criterios de la RTRS.

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PARCERIA INOVADORA LEVA RTRS A PEQUENOS E MÉDIOS SOJICULTORES DE GOIÁS

A certificação mudou a forma de gestação e orientou a adoção de boas práticas, além de estimular o desenvolvimento de soluções criativas e economicamente viáveis para esse público

Uma parceria inovadora proporcionou, pela primeira vez, que pequenos e médios produtores de soja de Goiás recebessem a certificação Round Table on Responsible Soy (RTRS), principal padrão internacional de sojicultura sustentável, geralmente adotado apenas por grandes agricultores daquele estado. O trabalho uniu a cooperativa rural Cresol, a empresa belga Colruyt, e as organizações não-governamentais Trias e Fundação Solidaridad. Juntas, elas realizaram um projeto que, com soluções criativas para cumprir os critérios RTRS em condições financeiras mais limitadas que as das grandes propriedades, levou à certificação, em agosto 2017, de 30.125 toneladas de soja produzidas por 18 pequenos e médios produtores na região de Silvânia e Orizona, Goiás.

A iniciativa mudou totalmente a gestão das propriedades, estabelecendo uma espécie de “antes e depois” em termos de práticas agrícolas, sociais, ambientais e econômicas.

O projeto começou em 2016, quando a Cresol, maior Sistema de Cooperativas de Crédito Rural Solidário do Brasil, e a ONG belga Trias convidaram a Solidaridad para fazer o treinamento de técnicos da cooperativa, a fim de adequar o processo de produção aos requisitos exigidos pela RTRS.

Até então, a Cresol, por ser uma entidade voltada para o crédito, não tinha no radar a possibilidade de oferecer assistência sobre práticas sustentáveis na sojicultura. “Foi muito bom. Estávamos precisando arrumar a casa e a cooperativa se desenvolveu muito neste processo”, afirma Leni de Sousa, diretora da Cresol e produtora de soja.

A primeira iniciativa foi a realização de um workshop conduzido pela Solidaridad para capacitar a equipe da Cresol no entendimento dos padrões RTRS e no trabalho de certificação em grupo. Além da preparação teórica, acompanhada de aulas práticas, houve também um direcionamento das ações em campo para a implementação das mudanças. Foram criados canais de comunicação entre a Solidaridad e os técnicos da Cresol para fornecimento de orientações durante a execução do projeto.

Inicialmente havia muitas inconformidades nas propriedades. “Tinha galpão com defensivo, óleo e ferramentas misturados, tinha tanque de óleo sem contenção, embalagens vazias, óleo queimado de muitos anos na propriedade. Cada um destes problemas foi resolvido com organização e melhorias de infraestrutura de baixo custo”, conta o técnico da Cresol, Maurício Soares.

Aprendizado compartilhado e soluções inovadoras

Muitas das exigências da certificação são resolvidas nas grandes propriedades com pesados investimentos, então foi necessário encontrar soluções criativas para proporcionar os mesmos resultados aos pequenos e médios produtores de soja. A legislação brasileira e o padrão RTRS tem exigências muito rigorosas, por exemplo, para uso e manuseio de combustíveis, exige a construção de um posto, mas os pequenos e médios não têm como fazer isto, explica Harry van der Vliet, Gerente de projetos de Soja, Algodão e Pecuária de Leite da Solidaridad no Brasil. “Neste caso, os produtores fizeram a impermeabilização do piso e criaram um depósito com muro de contenção e areia para impedir vazamentos, entre outras iniciativas. Com isso, conseguiram cumprir integralmente as exigências da legislação e da certificadora neste quesito”, comemora.

Outro caso bastante comum antes do projeto era o armazenamento de defensivos agrícolas em locais inadequados. “Entre as soluções, alguns agricultores passaram a utilizar um contêiner adaptado, que garante o correto armazenamento e apresenta soluções como mecanismos de ventilação e isolamento dos produtos. Outros transformaram em depósito o local onde guardavam arreios de cavalo, por exemplo”, relata van der Vliet.

Significativo foi a adoção do MIP – Manejo Integrado de Pragas, pelos produtores do grupo. Sob orientação dos técnicos, e com o apoio do pesquisador Edson Hiroshi, da Embrapa, os produtores passaram a fazer contagem das pragas e doenças em suas lavouras, somente iniciando o controle químico quando as contagens atingissem o nível de dano econômico. Com isso conseguiram economizar entre 4 a 5 aplicações na safra, aumentando assim a rentabilidade da lavoura e diminuindo o impacto no meio ambiente.

Para Leni, da Cresol, a certificação é uma conquista enorme. “Não foi fácil a abordagem aos produtores porque eles não viam a necessidade de certificação. Perceberam que se organizando, realmente iam diminuir o custo e ter outros benefícios. Foram feitos muitos investimentos para as adaptações exigidas pela RSTS, mas tem também o bônus, que Investimento ajuda muito”. Ela ainda destaca a conscientização com o aspecto ambiental das propriedades agrícolas e o quanto a certificação é importante para criar esse compromisso.

“Qualquer tipo de projeto só vai para frente se a gente der as mãos”, disse Gisele Obara, diretora do Trias no Brasil, durante cerimônia de certificação, ressaltando a união de esforços para obter os resultados pretendidos. A organização foi a instituição que financiou a realização do trabalho. O projeto se completa com a participação da rede belga de supermercados Colruyt, que comprou as 30.125 toneladas certificadas, proporcionando um bônus de R$ 300 mil, divididos entre os 18 produtores que apresentaram os melhores resultados na adequação aos critérios da RTRS.

  • Información de Contacto

    Harry van der Vliet

    Gerente de Programas Soja y Algodón Brasil